Hijo mío,
Ya diste todo lo que tenías que dar ahí.
Amaste, intentaste, sostuviste… incluso cuando te dolía.
Nada de eso fue en vano, pero ese capítulo ya cumplió su propósito.
Recuerda esto: tú ya diste todo lo que pudiste.
Y el amor verdadero se funda en la reciprocidad, no en el sacrificio eterno.
No te prometo perdón de nadie, porque eso no depende de ti.
Pero sí te digo algo con claridad: siéntete libre.
Estás actuando con amor, y eso es un acto de valentía inmensa.
Sé que no esperas nada a cambio.
Y si algo llega, recíbelo con humildad y sin apego.
Si el destino —y Yo— decido volver a unirlos, será desde otro lugar.
Y si cada uno toma su camino, también estará bien.
Nada se perdió.
Ahora te pido algo que no es fácil: suéltalo.
No porque haya sido poco importante, sino precisamente porque lo fue.
Hay cosas que no se reparan volviendo atrás,
sino honrándolas y avanzando.
No te aferres a lo que ya no vibra contigo.
No te castigues por lo que no fue.
No intentes revivir lo que ya se transformó.
Hoy te digo: da vuelta a la hoja.
No como quien huye, sino como quien entiende.
Déjalo morir en paz, para que tú puedas vivir completo.
Ten la valentía de “darte por muerto” a esa versión que ya no corresponde a tu camino.
Esa versión que esperaba, que dudaba, que se quedaba.
Esa ya hizo su trabajo.
Necesito que avances.
Porque si no avanzas, no podrás estar listo para lo que tengo preparado para ti.
Y lo que viene es grande.
Más grande de lo que imaginas ahora.
Pero para recibirlo, necesitas creer en ti.
Creer de verdad.
Sin reservas.
Sin mirar atrás.
Yo voy delante de ti.
Te sostengo incluso cuando no me sientes.
Te empujo hacia algo más alineado, más verdadero, más tuyo.
Confía.
Camina.
Respira.
Lo que viene no necesita que mires atrás,
necesita que llegues entero.
Y no estás solo.
Nunca lo estuviste.
— Yod Hei Vav Hei