Estuve un rato perdido, pero de alguna forma me alegra sentir que he vuelto a mi propio hogar.
Este 2026 me ha tratado raro… cumplir 30 me aterrizó más de lo que imaginaba, pero para bien. He pasado mucho tiempo conmigo mismo, explorando mi propia soledad. Y curiosamente, aunque sigo conociendo gente, me he dado cuenta de que ahora mismo no estoy en el mood de datear. Hay algo en esta etapa que me pide silencio, foco, proyectos propios… entenderme mejor antes de intentar compartir mi mundo con alguien más.
Pienso en futuros prospectos, en relaciones, y no sé… todavía no me siento listo. Siento que aún hay cosas que sanar, viajes que me debo, preguntas que siguen abiertas dentro de mí.
Y aun así, con todo este tiempo que ha pasado, hay algo curioso: sí te he extrañado. No de una forma desesperada, sino como se extraña una canción que marcó una etapa importante de tu vida. Algo que sabes que ya no suena todos los días, pero cuyo eco sigue viviendo en algún lugar de ti.
Supongo que también estoy aprendiendo a convivir con la posibilidad de que quizá no volvamos a encontrarnos… aunque una pequeña parte de mí sospecha que el universo a veces tiene formas extrañas de cruzar de nuevo a las personas.
Creo que fui demasiado drástico cuando todo terminó. Siempre he tenido esa tendencia: cerrar puertas con fuerza cuando en realidad bastaría con dejarlas entornadas. Tal vez tengo que aprender a ser menos duro… conmigo y con los demás.
A veces me pregunto si realmente se puede ser amigo de tu ex.
Y si algún día volviera a verte… no sé exactamente qué sentiría. Pero sospecho que algo en mí se desordenaría. Como si mi cuerpo recordara algo antes que mi cabeza. Porque hay atracciones que no dependen del tiempo ni de la lógica.
Tal vez por eso me sigo preguntando: ¿por qué había tanto magnetismo entre nosotros?