Hubo un momento en el que creí que esperar era una forma de amar.
Que insistir, sostener y no soltar, hablaba de lo mucho que estaba dispuesto a dar.
Pero con el tiempo entendí algo distinto:
también hay amor en saber cuándo detenerse.
Han sido meses de silencio, de intentos que no encuentran respuesta, de ilusiones que solo viven en mi mente. Y llega un punto en el que uno se cansa… no de amar, sino de sostener algo solo.
No puedo seguir atado a una historia que ya no se está escribiendo conmigo.
Hoy elijo soltar.
No porque deje de sentir, sino porque necesito paz.
Porque ya sufrí suficiente intentando que algo pase, cuando la realidad ha sido clara.
Seguir esperando no va a cambiar las cosas.
Y aunque una parte de mí quisiera creer que en algún futuro coincidiremos y todo se acomodará… hoy entiendo que mi vida no puede quedarse en pausa por esa posibilidad.
Si algún día volvemos a encontrarnos, será desde otro lugar, desde otras versiones, y que pase lo que tenga que pasar.
Pero hoy, por mí, me voy.
Te dejo ir con cariño, pero también con claridad.
Te dejo en tu silencio, porque ahora entiendo que eso también es una respuesta.
Y yo… sigo adelante.
Porque sé que soltar esto no me rompe, me construye.
Me empuja, me libera, me acerca a todo lo que sí está destinado para mí.
Quizás algún día mi ausencia también diga algo.
Y tal vez entonces sea tarde.
Pero eso ya no me corresponde.