PALABRASDEDESAMOR.COM

Palabras de Desamor De ti Chile

By Roberto G. Aurioles

Aprendiendo a soltarte

Me sorprende cómo, de alguna forma, siempre termino pensando en ti.

A veces me dan ganas de hacer algo muy de película… tomar un vuelo, llegar a tu ciudad, encontrarte y decirte todo lo que todavía siento. Pero también entiendo que la vida real no funciona así.

Con el tiempo he ido aceptando algo que me costaba ver: muchas de esas historias siguen viviendo más en mi mente que en la realidad. Porque encontrarte de este lado… ya no es tan fácil.

No te voy a mentir, soltar esto no ha sido sencillo. Hay momentos en los que quisiera desaparecer todo rastro, y otros en los que simplemente me nace saber de ti. Supongo que así se siente cuando algo fue real.

También entiendo algo importante: si los dos quisiéramos lo mismo, no habría tanta distancia.

No te escribo para presionarte ni para pedirte nada. Solo porque sería deshonesto fingir que no significaste, y de cierta forma sigues significando, algo muy especial para mí.

Estoy aprendiendo a soltar… a mi ritmo.

Y ojalá, donde sea que estés, estés bien.

¿Quién eres Roberto? ¿Qué es lo que realmente quieres?

Menudos días introspectivos que he tenido…. creo que es normal después de meses tan caóticos, ahora que todo está fluyendo bien, puedo tener tiempo y calma de pensar en mí, estabilizarme.

Es curioso, últimamente cuando salgo de fiesta o de “desmadre”, no dejo de sentirme que me estoy alejando de mis metas y propósitos. Es como si mi vieja identidad, estuviera chocando con esta nueva. Me quiero alejar de las drogas, del alcohol, de todo eso, pero sigo atrapado en un círculo de amistades y profesión donde eso es el pan de cada día. Y empiezo a preguntarme, ¿sigo encajando aquí?

Mis amigos, los amo con toda el alma, pero sé que salir con ellos va a implicar, excesos, y digo, eso no me molesta tanto, el problema es la resaca emocional los días siguientes. Darme cuenta que estoy a miércoles y que ya perdí el lunes y martes para hacer cosas realmente productivas.

Creo que ya no encajo en mi realidad… ese Roberto, ¿realmente era Roberto? ¿O era un personaje creado, una identidad que encajaba más en el mundo de la farándula y la fama?

Gommo…. ¿en qué te convertí? ¿en qué momento te perdiste en el camino?

¿Dónde quedó tu verdadero estilo? ¿Tu autenticidad? ¿Tu aura bonita?

Ya no has producido música….
Ya tocas siempre lo mismo….
Y ya estás parado… pasaste de esta en la cima, a paralizarte por miedo, y por presión.

Pero, ¿qué es lo que realmente quieres Gommo?
¿Realmente quieres seguir viviendo?
¿O es momento de que Roberto tome las riendas de la vida?

Creo que te voy a dormir temporalmente…..
En lo que recuperas la claridad de tu rumbo, que sé lo estás haciendo.

Roberto vuelve al juego.

Y vuelve con un proyecto nuevo.

Mi voz, al fin será escuchada.
Ya no tendré miedo del qué dirán.
Tengo mucho qué decir.
Ex-amores de los que tengo que hablar.
Gritarle mi amor a través de versos.
Que se escuchen hasta la cordillera de los Andes.

Y que la voz me abra nuevos caminos,
Sane mi alma,
y te haga saber lo mucho que al día de hoy, sigo pensando en ti.

Eso es lo que quiero…

Que la verdad al fin salga a la luz.
No me quiero guardar más las palabras.

Porque la palabra es fuerte, como la de Dios.

¿Me sigues pensando?

A veces me pregunto si alguna vez se te cruza mi nombre por la cabeza.

No en esos momentos obvios… sino en los pequeños. Cuando escuchas una canción que se parece a algo que vivimos. Cuando pasas por un lugar que alguna vez compartimos. O cuando, sin razón aparente, te llega ese recuerdo breve que dura apenas unos segundos pero que deja una sensación rara en el pecho.

Porque a mí me pasa.

No todo el tiempo, pero sí en esos momentos silenciosos en los que la memoria se cuela sin pedir permiso. Y entonces me pregunto si allá, en tu mundo, existe también ese instante en el que algo te hace pensar en mí.

No lo pregunto con expectativa ni con reclamo. Solo con curiosidad.
Porque hay personas que pasan por tu vida… y luego están las que, incluso cuando ya no están, siguen dejando pequeñas órbitas dentro de ti.

A veces me pregunto si yo soy una de esas para ti.

Si alguna vez, en medio de tu día, te descubres recordando cómo era estar cerca de mí.
O si todo eso ya se volvió solo una historia que quedó atrás.

Supongo que nunca lo sabré.

Pero hay noches en las que me gusta imaginar que, en algún punto del mundo, por un segundo… tú también me recuerdas.

La gravedad que aún siento hacia ti

Estuve un rato perdido, pero de alguna forma me alegra sentir que he vuelto a mi propio hogar.

Este 2026 me ha tratado raro… cumplir 30 me aterrizó más de lo que imaginaba, pero para bien. He pasado mucho tiempo conmigo mismo, explorando mi propia soledad. Y curiosamente, aunque sigo conociendo gente, me he dado cuenta de que ahora mismo no estoy en el mood de datear. Hay algo en esta etapa que me pide silencio, foco, proyectos propios… entenderme mejor antes de intentar compartir mi mundo con alguien más.

Pienso en futuros prospectos, en relaciones, y no sé… todavía no me siento listo. Siento que aún hay cosas que sanar, viajes que me debo, preguntas que siguen abiertas dentro de mí.

Y aun así, con todo este tiempo que ha pasado, hay algo curioso: sí te he extrañado. No de una forma desesperada, sino como se extraña una canción que marcó una etapa importante de tu vida. Algo que sabes que ya no suena todos los días, pero cuyo eco sigue viviendo en algún lugar de ti.

Supongo que también estoy aprendiendo a convivir con la posibilidad de que quizá no volvamos a encontrarnos… aunque una pequeña parte de mí sospecha que el universo a veces tiene formas extrañas de cruzar de nuevo a las personas.

Creo que fui demasiado drástico cuando todo terminó. Siempre he tenido esa tendencia: cerrar puertas con fuerza cuando en realidad bastaría con dejarlas entornadas. Tal vez tengo que aprender a ser menos duro… conmigo y con los demás.

A veces me pregunto si realmente se puede ser amigo de tu ex.

Y si algún día volviera a verte… no sé exactamente qué sentiría. Pero sospecho que algo en mí se desordenaría. Como si mi cuerpo recordara algo antes que mi cabeza. Porque hay atracciones que no dependen del tiempo ni de la lógica.

Tal vez por eso me sigo preguntando: ¿por qué había tanto magnetismo entre nosotros?

Bailando juntos

Es curioso: cada vez que decido soltar los amores del pasado —borrarlos de mis redes, de mis rutinas, de mis pensamientos— y volver a mí, a mis amistades, a mi propia alegría… la vida parece conspirar y poner a alguien nuevo en mi camino. Así fue en Electric Daisy Carnival, uno de los festivales de música electrónica más grandes del mundo.

Fue bonito desde antes de empezar. Lo vi a lo lejos y algo en mí se encendió. No sabía si era mutuo, no sabía nada en realidad… solo que había una energía distinta. Después, salí del público y ahora sí, frente a frente, intercambiamos palabras torpes, sonrisas nerviosas, miradas que decían más que cualquier frase. La conexión era evidente, casi eléctrica.

Tomé su mano sin pedir permiso al miedo. Sin saber si lo incomodaría. Solo supe que no quería soltarla.

Caminamos hacia otro escenario como si el festival hubiera sido diseñado para ese trayecto. Entre risas, coqueteos y conversaciones que fluían cada vez más suaves, todo se fue confirmando. Hasta que, sin planearlo demasiado, nuestros labios coincidieron. Fue un primer beso un poco torpe, sí… pero tierno. De esos que no buscan perfección, sino verdad. Y ahí, en medio de luces y bajos profundos, sellamos lo que ambos ya sabíamos.

Después, el tiempo dejó de importar. No nos separamos ni un instante. Yo, con mi energía alegre, desmadrosa y bailarina; él, tímido pero dispuesto, acoplándose poco a poco a mi ritmo, a mi mundo. Fue hermoso coincidir así, dejarnos llevar por la música, bailar al mismo compás, sentir que el festival nos abrazaba mientras nos descubríamos.

Y como toda canción, también esa noche terminó. Las luces se apagaron, la música cesó, y cada uno tomó su camino.

No sé si volvamos a coincidir. Pero algo sí sé: fue hermoso darme cuenta de que todavía quiero empezar otra historia. Que aún tengo ganas de cuidar a alguien, de mostrarle lo luminosa que puede ser la vida… y de caminar de la mano, aunque no sepamos cuánto durará la canción.

Podría estar muerto y no te importaría

El miedo se apoderó de México a partir de la mañana del domingo. Y es que lo que pasó, fue algo único y extraordinario, algo que jamás pensaría que podría pasar. La muerte de tal narcotraficante sí que sacudió al país, lo llenó de un luto tenebroso, silencioso, lo volvió un infierno donde todos teníamos miedo por salir.

Jamás me imaginé ver a mi paraíso, Vallarta, en tan terrible situación. Explosiones por todos lados, coches quemados, negocios siendo saqueados e incendiados. La bahía se cubrió de una atmósfera de contaminación y maldad, ansiedad colectiva. Es curioso, porque sí hemos atravesado crisis similares como huracanes o fenómenos naturales, pero esta vez… fue todo a causa de la maldad humana.

Al menos al día de hoy… creo que ya todo se está tranquilizando y volviendo a la normalidad. Pero sí fueron días donde dormir era imposible, por la ansiedad y pesadillas, y al despertar una profunda tristeza nos invadió en el silencio eterno. Me hubiera gustado recibir un mensaje tuyo… un aunque sea, “vi lo que está pasando, ¿te encuentras bien?”, pero como siempre, brillaste por tu ausencia.

Creo que todo esto me hizo pensar muy a fondo, si yo en situaciones de alto riesgo, donde se supo a nivel mundial que, donde yo vivo, fue una ciudad muy afectada, no te nació escribirme. ¿Por qué yo me debo seguir preocupando por ti? ¿Por qué sigo enfocando mi energía en que tú te encuentres bien? ¿Por qué sigo al pendiente?

Creo que no tiene sentido invertirte ya nada. Me podrían matar y a ti te daría igual, quizás y es porque yo ya estoy muerto para ti.

Pero… yo ya no voy a morir por ti. No voy a sufrir por ti. No voy a llorar por ti. No voy a pensar en ti. Tengo que ser recíproco con tu indiferencia, y sinceramente creo que ya ni tu recuerdo me sirve.

Mis prioridades están cambiando

Es raro… aunque sé que todo va a mejorar, no dejo de sentirme extrañamente vacío y triste. Creo que tiene que ver con el bajón emocional después de un fin de semana lleno de emociones y diversión. Pero… creo que ya no quiero sentirme así.

Ya no me está gustando perder un día o dos en cama, acostado, recuperándome de la resaca y sin hacer algo realmente de provecho. Siento que el tiempo muchas veces se me va en esto, y quiero aprovechar más mi vida y mis días.

He notado que gracias a este pensamiento, he andado más proactivo y procrastino menos. Estoy combatiendo la peor amenaza: mi celular. Ya hasta le puse la pantalla en blanco y negro para que se vea menos emocionante y quién diría que algo tan sencillo realmente haría la diferencia.

Siento que estoy recuperando mi vida, mi energía, mi verdadero yo. Este fin de semana es el EDC, y aunque según dije que iría aunque sea un día, la verdad es que no es algo que me llame verdaderamente la atención…. creo que yo ya estoy en otro momento de mi vida. Quiero gastar en experiencias diferentes, ya no estar tanto metido en festivales o en fiestas, al menos, si voy a hacer ese gasto, que sea algo nuevo o en otro lugar.

Tengo la mente bien enfocada en mi bienestar, necesito recuperarme física, mental y económicamente. Sé que no es un proceso de la noche a la mañana, pero me siento orgulloso que verdaderamente estoy viendo una mejoría en todo.

Voy a seguirme alejando definitivamente del alcohol y las sustancias, porque en estos momentos en verdad no me aportan nada más que una euforia temporal. Creo que conecto mejor con las personas cuando estoy yo en mis cinco sentidos. Me gusta acordarme de todo, sentirme bien al día siguiente, y me he dado cuenta que esas sustancias me alejan de lo que quiero construir.

No sé si estoy madurando, o por qué estaré cambiando tan radicalmente. Creo que era algo que yo muy en el fondo, desde hace mucho mucho tiempo, quería hacer, pero por algún motivo me veía involucrado siempre en lo mismo, ya sea por mi trabajo como artista, o por mi círculo de amigos, o mi entorno familiar. El alcohol no deja de ser algo muy normalizado en la sociedad mexicana. Le tengo envidia a las nuevas generaciones que al parecer vienen menos viciosas que nosotros.

Me alegra que estoy recuperando poco a poco el control de mi vida, pero no cantaré victoria hasta estar realmente al 100%. Queda mucho por hacer, pero sé que si sigo así lograré algo grande.

Gracias Ellen Allien

Definitivamente estoy cambiando.

Este fin de semana vino mi DJ favorita a Ciudad de México, Ellen Allien, justo el de arriba me permitió pasar el 14 de febrero, un día que de por sí nunca me ha tocado celebrar con una pareja. La verdad tenía mucho miedo de que me fuera a sentir triste, dolido, o solo, pero fue todo lo contrario. Este sábado fue perfecto.

Fui a Xochimilco a una fiestota donde los cantaros de tequila no pararon, vimos un atardecer hermoso e incluso tuve la oportunidad de tocar un set. Conocí a mucha gente nueva, y traía una energía demasiado alta. Mucha gente me felicitó y la verdad la pasé super bien. Tremendo precopeo para posteriormente llegar directo a Ellen Alien y bailarle con todo.

Me encantó su set, pero sobretodo, me encantó esa intimidad que se pudo sentir cerca del DJ booth, toda la gente andábamos disfrutando, bailando, sentí una armonía y felicidad muy bonita. Para cerrar con broche de oro, no pudo faltar nuestra foto juntos. Algo que me agrada mucho de Ellen es no sólo su técnica impecable y dura a la hora de tocar, sino también su persona y aura, llena de alegría y amabilidad. Me dió mucha alegría verla de nuevo, la verdad fue una sorpresa muy agradable que pudiéramos coincidir nuevamente en la Ciudad de México.

Me siento muy agradecido con la vida y el destino por permitirme vivir esta experiencia, han sido días demasiado difíciles y poder tener un respiro de esta manera es algo que valoro mucho. Esta semana ya me siento más tranquilo y sé que todo irá mejorando, sólo debo mantenerme enfocado en lo que realmente importa.

Gracias Ellen por ser una inspiración, y por compartir tu arte con el mundo, me recuerdas lo bonito de la industria y el motivo por el cuál yo empecé a tocar como artista. Siempre me sorprendes en cada set, y siempre serás una garantía.

Me perdiste

Me pongo a pensar en todas las veces que me hiciste sentir culpable.
En todas las veces que lograste convencerme de que el problema era yo.
Que reaccionaba mal.
Que exageraba.
Que estaba equivocado.

Pero ¿sabes qué?

Cuando yo reaccionaba, era porque algo me dolía.
Porque algo no me parecía justo.
Porque había límites que sentía que estabas cruzando.

Y hoy empiezo a ver todo desde otra perspectiva. No para hacerme la víctima. No para lavarme las manos. Sino para aceptar que tú también tuviste tus errores.

Errores nacidos de tu inseguridad.
Errores disfrazados de celos “normales”.
Errores que se convirtieron en acusaciones.

Pensabas que te engañaba.
Insinuabas que me acostaba con alguien más.
Me mirabas como si en cualquier momento fuera a traicionarte.

Y lo más duro de aceptar es esto:
Jamás te creíste capaz de tener a alguien como yo a tu lado.

Porque yo sí te quería, carajo.
Yo sí elegía quedarme.
Yo sí pude haber hecho muchísimas cosas y no las hice por respeto a lo que sentía por ti.

Pero no importó.

Me desechaste.

Así, sin más.
Como si todo lo que construimos fuera reemplazable.
Como si mis intentos, mis explicaciones, mis esfuerzos… no valieran nada.

Y hay algo que no puedo dejar de pensar.

No por nada la primera vez que salí sin ti, fue la condena de nuestra relación.
Una salida en la que conocí a mucha gente, pero les dejé claro que yo no estaba disponible.
Una salida en la que respeté nuestra relación.

Y tú… no sé qué chingados pensaste que hice.

Me mandaste a volar por una historia que solo existía en tu cabeza.
Me sentenciaste sin pruebas.
Me juzgaste sin escucharme.

Y yo todavía comprándote rosas.
Todavía intentando demostrarte algo que no tenía que demostrar.

Cuando qué chingados…
yo no hice nada malo.

Eso también es manipulación.

Hacerme sentir culpable por algo que no hice.
Castigarme por escenarios imaginarios.
Condenarnos por tus miedos.

Date cuenta de algo, aunque ya no me leas:
La culpa de que hayamos terminado fue tu inseguridad.

No mi lealtad.
No mis reacciones.
No mis límites.

Tu inseguridad.

Recuerdo las veces que exploté. Y sí, exploté.
Pero ahora también recuerdo los motivos.

Si no puedes tolerar mi enojo cuando algo me lastima…
Si para estar contigo tengo que estar de acuerdo con todo lo que tú piensas…
Si amar significa someterme a tu versión de la verdad…

Entonces definitivamente no estamos hechos el uno para el otro.

Porque el amor no es control.
No es sospecha constante.
No es caminar sobre hielo para no activar tus miedos.

El amor es mediar.
Es aceptar al otro.
Es sumar.

Y contigo, me sentía atado invisiblemente.

Sabía que cualquier interacción que no fuera contigo podía convertirse en un problema.
Que cualquier sonrisa, cualquier salida, cualquier conversación podía despertar un interrogatorio.

Y ahí entendí algo.

No fue que yo decidiera mandar todo a la mierda por impulso.
Fue que me cansé de sentirme juzgado por alguien que decía amarme.

Me hiciste quedar como un hijo de puta.
Como el villano de una historia que no fue tan simple como la contaste.

Y no.
Las cosas no fueron 100% así.

Así que, ¿sabes qué?
Me da gusto que ya no me hables.

Si tan poco valgo la pena en tu vida, que así sea.

Ya no quiero gastar más energía intentando demostrar mi lealtad a alguien que decidió condenarnos al primer “error”.
Todo fue por tu inseguridad.

Y yo no merezco cargar con eso.

Me voy a dar mi lugar.
Me voy a enfocar en todas las puertas que estuve cerrando por ti.
En todos los caminos que postergué por una falsa esperanza.

Porque ahora lo veo claro:
Esta relación jamás tenía futuro.
No por mí.

Por ti.

Si hubieras trabajado tus miedos.
Si hubieras confiado.
Si hubieras elegido construir en lugar de sospechar…

Todo sería diferente.

Pero no lo hiciste.

Y yo no merezco una persona que me ame desde el miedo.

Qué tonto creer que eras tú la persona con la que me quería casar.
Qué ingenuo pensar que el esfuerzo de uno solo podía salvarlo todo.

Pero supongo que a eso se le llama madurar.

Entender que amar no es aguantarlo todo.
Que crecer también implica soltar.
Que dignidad es elegirte cuando el otro no supo valorarte.

Voy a mejorar.
Voy a crecer.
Voy a trabajar en mí.

Pero al diablo tus creencias limitantes.
Al diablo tu indiferencia.
Al diablo esa versión distorsionada de mí que inventaste para justificar tus miedos.

Ya no me interesa nada de ti.

Porque cuando el amor se convierte en juicio constante,
cuando la relación se convierte en sospecha,
cuando la paz desaparece…

No es que yo te haya perdido.

Es que tú
me perdiste.

Contacto cero: ¿Cómo te atreves a borrarme así?

Hay algo profundamente violento en el contacto cero cuando no fue un acuerdo, sino una sentencia unilateral.
No fue una conversación madura. No fue un “necesito espacio”.
Fue un portazo digital. Bloqueo. Silencio. Desaparición.

¿En serio tan poco fui para ti?
¿Tan fácil fue apretar un botón y hacer como si nunca hubiera existido?

Me pregunto qué tan liviana era mi presencia en tu vida para que pudieras borrarme sin que te temblara la mano. Porque yo no puedo. Yo no sé cómo hacer como si no hubieras significado nada. Yo no sé cómo fingir que no compartimos planes, promesas, madrugadas, risas que todavía resuenan cuando intento dormir.

Y entonces me sorprendo a mí mismo haciendo lo más absurdo: escribiéndote mensajes que no respondes. Pensándote cuando claramente tú ya decidiste no pensarme. Esperando una señal de alguien que eligió el silencio como respuesta.

Si no signifiqué nada, no sé para qué carajos te sigo escribiendo y pensando.

Quizá la rabia no es solo por tu indiferencia.
Quizá la rabia es porque me duele aceptar que para ti fue más fácil soltar que para mí. Que tu contacto cero no es una estrategia de sanación, sino una forma elegante de decir: “ya no me importas”.

Y eso arde.

Porque el contacto cero, cuando se hace desde el respeto, puede ser un acto de amor propio.
Pero cuando se siente como abandono, como castigo, como indiferencia… se convierte en una herida abierta.

Me da rabia tu frialdad.
Me da rabia tu facilidad.
Me da rabia que mientras yo estoy aquí procesando lo que fuimos, tú ya estés viviendo como si nada.

Entonces empiezo a pensar algo más oscuro:
Si así va a ser la situación, mejor finjo que jamás exististe.

Sí. Fingir.
Porque tal vez esa es la única forma de equilibrar la balanza. Si tú me borraste de tu mundo, quizá yo también tenga que borrarte del mío. No por orgullo. No por venganza. Sino por dignidad.

Ya me cansé de sentir que estoy mendigando migajas emocionales.
Ya me cansé de escribirte mentalmente discursos que nunca vas a escuchar.
Ya me cansé de intentar entender a alguien que no quiso explicarse.

Así que hoy no te escribo para que vuelvas.
Te escribo para decirme a mí mismo que me voy.

Me voy de tu vida.
No porque no me importes.
Sino porque me importo yo.

Y aunque me duela el ego, el corazón y el recuerdo de lo que fuimos, prefiero enfrentar el vacío de tu ausencia que seguir sintiendo la humillación de tu indiferencia.

Si el contacto cero es la forma que elegiste para cerrar la historia, entonces que así sea.
Pero esta vez, el silencio también será mío.

Y esta vez, no será espera.
Será despedida.