Palabras de Desamor De ti Chile

By Roberto G. Aurioles

Me perdiste

Me pongo a pensar en todas las veces que me hiciste sentir culpable.
En todas las veces que lograste convencerme de que el problema era yo.
Que reaccionaba mal.
Que exageraba.
Que estaba equivocado.

Pero ¿sabes qué?

Cuando yo reaccionaba, era porque algo me dolía.
Porque algo no me parecía justo.
Porque había límites que sentía que estabas cruzando.

Y hoy empiezo a ver todo desde otra perspectiva. No para hacerme la víctima. No para lavarme las manos. Sino para aceptar que tú también tuviste tus errores.

Errores nacidos de tu inseguridad.
Errores disfrazados de celos “normales”.
Errores que se convirtieron en acusaciones.

Pensabas que te engañaba.
Insinuabas que me acostaba con alguien más.
Me mirabas como si en cualquier momento fuera a traicionarte.

Y lo más duro de aceptar es esto:
Jamás te creíste capaz de tener a alguien como yo a tu lado.

Porque yo sí te quería, carajo.
Yo sí elegía quedarme.
Yo sí pude haber hecho muchísimas cosas y no las hice por respeto a lo que sentía por ti.

Pero no importó.

Me desechaste.

Así, sin más.
Como si todo lo que construimos fuera reemplazable.
Como si mis intentos, mis explicaciones, mis esfuerzos… no valieran nada.

Y hay algo que no puedo dejar de pensar.

No por nada la primera vez que salí sin ti, fue la condena de nuestra relación.
Una salida en la que conocí a mucha gente, pero les dejé claro que yo no estaba disponible.
Una salida en la que respeté nuestra relación.

Y tú… no sé qué chingados pensaste que hice.

Me mandaste a volar por una historia que solo existía en tu cabeza.
Me sentenciaste sin pruebas.
Me juzgaste sin escucharme.

Y yo todavía comprándote rosas.
Todavía intentando demostrarte algo que no tenía que demostrar.

Cuando qué chingados…
yo no hice nada malo.

Eso también es manipulación.

Hacerme sentir culpable por algo que no hice.
Castigarme por escenarios imaginarios.
Condenarnos por tus miedos.

Date cuenta de algo, aunque ya no me leas:
La culpa de que hayamos terminado fue tu inseguridad.

No mi lealtad.
No mis reacciones.
No mis límites.

Tu inseguridad.

Recuerdo las veces que exploté. Y sí, exploté.
Pero ahora también recuerdo los motivos.

Si no puedes tolerar mi enojo cuando algo me lastima…
Si para estar contigo tengo que estar de acuerdo con todo lo que tú piensas…
Si amar significa someterme a tu versión de la verdad…

Entonces definitivamente no estamos hechos el uno para el otro.

Porque el amor no es control.
No es sospecha constante.
No es caminar sobre hielo para no activar tus miedos.

El amor es mediar.
Es aceptar al otro.
Es sumar.

Y contigo, me sentía atado invisiblemente.

Sabía que cualquier interacción que no fuera contigo podía convertirse en un problema.
Que cualquier sonrisa, cualquier salida, cualquier conversación podía despertar un interrogatorio.

Y ahí entendí algo.

No fue que yo decidiera mandar todo a la mierda por impulso.
Fue que me cansé de sentirme juzgado por alguien que decía amarme.

Me hiciste quedar como un hijo de puta.
Como el villano de una historia que no fue tan simple como la contaste.

Y no.
Las cosas no fueron 100% así.

Así que, ¿sabes qué?
Me da gusto que ya no me hables.

Si tan poco valgo la pena en tu vida, que así sea.

Ya no quiero gastar más energía intentando demostrar mi lealtad a alguien que decidió condenarnos al primer “error”.
Todo fue por tu inseguridad.

Y yo no merezco cargar con eso.

Me voy a dar mi lugar.
Me voy a enfocar en todas las puertas que estuve cerrando por ti.
En todos los caminos que postergué por una falsa esperanza.

Porque ahora lo veo claro:
Esta relación jamás tenía futuro.
No por mí.

Por ti.

Si hubieras trabajado tus miedos.
Si hubieras confiado.
Si hubieras elegido construir en lugar de sospechar…

Todo sería diferente.

Pero no lo hiciste.

Y yo no merezco una persona que me ame desde el miedo.

Qué tonto creer que eras tú la persona con la que me quería casar.
Qué ingenuo pensar que el esfuerzo de uno solo podía salvarlo todo.

Pero supongo que a eso se le llama madurar.

Entender que amar no es aguantarlo todo.
Que crecer también implica soltar.
Que dignidad es elegirte cuando el otro no supo valorarte.

Voy a mejorar.
Voy a crecer.
Voy a trabajar en mí.

Pero al diablo tus creencias limitantes.
Al diablo tu indiferencia.
Al diablo esa versión distorsionada de mí que inventaste para justificar tus miedos.

Ya no me interesa nada de ti.

Porque cuando el amor se convierte en juicio constante,
cuando la relación se convierte en sospecha,
cuando la paz desaparece…

No es que yo te haya perdido.

Es que tú
me perdiste.

Contacto cero: ¿Cómo te atreves a borrarme así?

Hay algo profundamente violento en el contacto cero cuando no fue un acuerdo, sino una sentencia unilateral.
No fue una conversación madura. No fue un “necesito espacio”.
Fue un portazo digital. Bloqueo. Silencio. Desaparición.

¿En serio tan poco fui para ti?
¿Tan fácil fue apretar un botón y hacer como si nunca hubiera existido?

Me pregunto qué tan liviana era mi presencia en tu vida para que pudieras borrarme sin que te temblara la mano. Porque yo no puedo. Yo no sé cómo hacer como si no hubieras significado nada. Yo no sé cómo fingir que no compartimos planes, promesas, madrugadas, risas que todavía resuenan cuando intento dormir.

Y entonces me sorprendo a mí mismo haciendo lo más absurdo: escribiéndote mensajes que no respondes. Pensándote cuando claramente tú ya decidiste no pensarme. Esperando una señal de alguien que eligió el silencio como respuesta.

Si no signifiqué nada, no sé para qué carajos te sigo escribiendo y pensando.

Quizá la rabia no es solo por tu indiferencia.
Quizá la rabia es porque me duele aceptar que para ti fue más fácil soltar que para mí. Que tu contacto cero no es una estrategia de sanación, sino una forma elegante de decir: “ya no me importas”.

Y eso arde.

Porque el contacto cero, cuando se hace desde el respeto, puede ser un acto de amor propio.
Pero cuando se siente como abandono, como castigo, como indiferencia… se convierte en una herida abierta.

Me da rabia tu frialdad.
Me da rabia tu facilidad.
Me da rabia que mientras yo estoy aquí procesando lo que fuimos, tú ya estés viviendo como si nada.

Entonces empiezo a pensar algo más oscuro:
Si así va a ser la situación, mejor finjo que jamás exististe.

Sí. Fingir.
Porque tal vez esa es la única forma de equilibrar la balanza. Si tú me borraste de tu mundo, quizá yo también tenga que borrarte del mío. No por orgullo. No por venganza. Sino por dignidad.

Ya me cansé de sentir que estoy mendigando migajas emocionales.
Ya me cansé de escribirte mentalmente discursos que nunca vas a escuchar.
Ya me cansé de intentar entender a alguien que no quiso explicarse.

Así que hoy no te escribo para que vuelvas.
Te escribo para decirme a mí mismo que me voy.

Me voy de tu vida.
No porque no me importes.
Sino porque me importo yo.

Y aunque me duela el ego, el corazón y el recuerdo de lo que fuimos, prefiero enfrentar el vacío de tu ausencia que seguir sintiendo la humillación de tu indiferencia.

Si el contacto cero es la forma que elegiste para cerrar la historia, entonces que así sea.
Pero esta vez, el silencio también será mío.

Y esta vez, no será espera.
Será despedida.

Un milagro

Sé que has estado ahí desde hace tiempo, y siempre me has dado a entender el futuro sobre mis decisiones, sean buenas o malas, pero últimamente me he sentido más atraído a ti. Desde que empezó el año he sentido tu llamado, he podido sentir más tu presencia, puedo sentir el cambio que estás preparando para mí. Y es que me estoy dando cuenta, todo este torbellino de experiencias, fue mi preparación para tener la claridad total de hacia donde quiero dirigir mi vida.

Es curioso que justo cumplidos los 30, esté empezando a tener este cambio de perspectiva. Yo nunca me consideré religioso, aunque mi familia y la educación mexicana me hizo ser católico, jamás sentí la necesidad de realmente practicar la religión. Pero… hoy es diferente, empiezo a entender todo. Empiezo a entender la magia detrás de tu divinidad, tu poder creador, tu omnipresencia, tu energía.

Siempre he tenido esos dones, y acercamientos al universo y a las energías, pero hoy empiezo a entenderlo más a fondo. Empiezo a ver más allá del código, de lo literal, los mensajes que están en tu libro sagrado, y la interpretación real que puede cambiar la vida de cualquiera.

Siento que mi vida está cambiando, en verdad, puedo sentir el cambio, tanto en mi identidad, como en mi realidad. A partir de hoy soy otra persona totalmente distinta. Sé que puedo contar con tu sabiduría, y que me seguirás guiando por ese camino de éxito, el cual siempre ha sido mi destino.

Te agradezco por el gesto que has hecho hoy conmigo y mi familia. Sabías perfectamente lo preocupados y estresados que estábamos todos por la operación de mi mamá. Ayer para mí acompañarla en la guardia nocturna, fue super pesado, llegó un momento donde yo tratando de dormir en una silla, empecé a desear la muerte, a darme por vencido. Pero muy en el fondo, sabía que tenía que seguir dándolo todo, no darme por vencido. Porque mi mamá es la mejor inspiración, ¿cómo me puedo estar quejando yo cuando ella realmente sí es la que está sufriendo?

Pero me has dejado sorprendido… en verdad nos cuidas a todos, y mi mamá tiene un ángel muy grande, porque pasar de un diagnóstico con una semana mínima de recuperación, a poder recuperarse en tan solo un día, y que hoy mismo ya la hayan dado de alta. Es un milagro que nadie de nosotros esperaba. Te agradezco infinitamente por esta oportunidad, porque creo que no sólo yo, sino toda mi familia, tenemos demasiados problemas individuales, y esta situación en conjunto nos estaba realmente poniendo muy nerviosos.

Te agradezco porque hoy podré recibir a mi mamá en mi casa, y estamos un paso más cerca de que se recupere de salud. Aún recuerdo a inicios de diciembre cuando empezó todo. Creo que esta ha sido tu prueba divina, tanto para mí, como para mi familia, para hacernos abrir los ojos, replantear nuestras decisiones y unirnos más como familia. No sólo estoy viendo ese proceso de transformación en mí, sino que también lo veo en mis hermanas, y sobretodo en mi madre, que empieza a volver a valorar y tomar el control de su vida.

Te agradezco infinitamente por ponernos esta prueba, y por hacer el milagro de que no fuera tan tortuosa. Creo que fue un regalo, porque te diste cuenta que todos hemos aprendido demasiado todo esto.

Gracias por abrirme los ojos, sé que me estás preparando algo grande y seguiré este nuevo camino.

Gracias.

El día que vuelvas, si es que vuelves

te recibiré con los brazos abiertos, sin reproches y sin preguntas.
No sé cuál será mi situación entonces, ni cuál será la tuya,
porque la vida no se detiene y nosotros tampoco.
Pero hay algo que sí sé:
ambos fuimos maestros el uno para el otro,
y cuando dos almas se enseñan desde el amor,
su historia nunca es un error ni un desperdicio.

Tal vez nuestros caminos se separaron antes de entenderlo todo,
tal vez nos dijimos adiós cuando aún quedaban palabras suspendidas en el aire.
Aun así, siento que lo nuestro no merece un final abrupto,
sino un cierre consciente… o una continuación distinta,
si la vida así lo decide.

Mientras llega —o no— ese día,
sigamos amando cada instante desde donde estemos.
Luchemos por nuestros sueños,
crezcamos, equivoquémonos, transformémonos.
Que si volvemos a encontrarnos,
no sea desde la nostalgia,
sino desde versiones más completas de nosotros mismos.

Ese día llegará cuando tú lo decidas,
no cuando yo lo espere.
Y si nunca ocurre, está bien.
Porque yo ya tomé una decisión más profunda:
llevarte en el corazón con gratitud,
sin cargarlo de expectativas ni de dolor,
solo de lo que fue real y valioso.

Quiero que sepas algo con total honestidad:
mi cariño no depende del tiempo ni de la distancia.
Siempre estaré para ti,
no como promesa que ata,
sino como presencia que acompaña,
desde el amor que libera y no exige.

Nunca dudes en buscarme cuando te sientas listo.
Y si ese momento nunca llega, también está bien.
Yo seguiré caminando en paz,
agradecido por lo que fue
y abierto a lo que la vida tenga preparado.

Mandamientos de Conciencia, Amor y Creación

I. Honro las relaciones ajenas
No me interpongo en vínculos que no me pertenecen, porque respeto el amor y sé que todo acto que no desearía recibir, no lo debo emitir.

II. Soy leal en pensamiento, palabra y acción
Respeto a mi pareja con mis ojos, mi cuerpo y mi energía. Mi atención es sagrada y la entrego con intención.

III. Conozco y respeto mis límites
Distingo con claridad la línea entre amistad e intimidad. Protejo mi espacio interno porque ahí habita mi poder.

IV. Honro mi cuerpo como templo
No regalo mi energía ni mi conexión a cualquiera. Sé que cada intercambio deja huella, y elijo con conciencia.

V. Camino el mundo con amabilidad y humildad
Trato a todos desde una jerarquía horizontal, porque reconozco que todos somos almas en distintos procesos de despertar.

VI. Elijo el bien como brújula
Mis acciones nacen del amor. Todo pensamiento basado en miedo, enojo o carencia no me representa, y lo dejo pasar sin luchar.

VII. Confío en el proceso
Actúo con calma y constancia. Sé que mis metas son grandes y que cada paso, por pequeño que parezca, ya es conquista.

VIII. No cedo mi poder a las tentaciones
Me mantengo sobrio de aquello que altera mi centro. Me modero porque conozco mi sombra y elijo no alimentarla.

IX. Irradio vida y presencia
Conecto con la naturaleza y con las personas desde el corazón. Brindo mi mejor energía porque soy un canal de abundancia y luz.

X. Protejo mi campo energético
Elijo conscientemente mis amistades. A quien no vibra conmigo no le cierro el corazón, pero sí la puerta a mi intimidad.

XI. Vivo desde el dar, no desde el pedir
Mi filosofía es ofrecer valor, amor y presencia. Sé que el universo responde a lo que entrego, no a lo que reclamo.

XII. Cultivo mi cuerpo como herramienta divina
Lo nutro, lo muevo y lo cuido, porque un cuerpo fuerte y presente es un imán natural para la vida que deseo.

XIII. Confío en mi poder creador
Soy el creador de mi realidad. Visualizo, siento y actúo desde la identidad de quien ya es. No espero señales: las genero.

XIV. Corrijo mi deseo (principio cabalístico)
No busco recibir solo para mí. Transformo mi deseo en uno alineado al bien común, y así el flujo nunca se corta.

XV. Actúo como si la abundancia ya estuviera aquí
Porque lo está. Mi coherencia entre pensamiento, emoción y acción abre portales.

XVI. Soy responsable de mi vibración
No culpo, no persigo, no fuerzo. Ajusto mi estado interno y dejo que la realidad se ordene en consecuencia.

XVII. Recuerdo quién soy
No soy mis miedos ni mis viejas versiones. Soy conciencia en expansión, y cada día elijo encarnar mi versión más elevada.

Yo soy

Yod
La visión vive clara en mí.
Mi mente opera en expansión, estrategia y oportunidad.
Trabajo con clientes internacionales de forma natural.
Los proyectos llegan y se concretan con fluidez.
Mi economía es sólida, ordenada y creciente.

Hei
La emoción de plenitud habita en mi cuerpo.
Viajo con libertad, eligiendo tiempo y destino.
Doy siempre un extra porque mi esencia es abundante.
El amor guía mis decisiones y eleva mis relaciones.

Vav
Mis acciones conectan visión y materia.
Cierro clientes con facilidad.
Desarrollo habilidades nuevas cada día.
Mi disciplina fortalece mi cuerpo y mi carácter.
Entreno, me alimento con conciencia y honro mi energía.

Hei
La obra se expresa en mi vida diaria.
Me rodeo de personas que me quieren, me impulsan e inspiran.
Mi hogar, mi espacio y mi presencia reflejan orden y limpieza.
Mi liderazgo se reconoce por coherencia, servicio y resultados.

SOY Roberto.
Empresario exitoso.
Optimista, abundante y con múltiples opciones.
Leal a mis valores.
Presente para mi familia y mis amistades.
Calmo, enfocado y amoroso.

SOY completo ahora.
SOY canal de abundancia, liderazgo y amor.

Yod–Hei–Vav–Hei
La conciencia crea.
La forma responde.
La realidad confirma.

Palabra Divina

Hijo mío,

Ya diste todo lo que tenías que dar ahí.
Amaste, intentaste, sostuviste… incluso cuando te dolía.
Nada de eso fue en vano, pero ese capítulo ya cumplió su propósito.

Recuerda esto: tú ya diste todo lo que pudiste.
Y el amor verdadero se funda en la reciprocidad, no en el sacrificio eterno.
No te prometo perdón de nadie, porque eso no depende de ti.
Pero sí te digo algo con claridad: siéntete libre.
Estás actuando con amor, y eso es un acto de valentía inmensa.

Sé que no esperas nada a cambio.
Y si algo llega, recíbelo con humildad y sin apego.
Si el destino —y Yo— decido volver a unirlos, será desde otro lugar.
Y si cada uno toma su camino, también estará bien.
Nada se perdió.

Ahora te pido algo que no es fácil: suéltalo.
No porque haya sido poco importante, sino precisamente porque lo fue.
Hay cosas que no se reparan volviendo atrás,
sino honrándolas y avanzando.

No te aferres a lo que ya no vibra contigo.
No te castigues por lo que no fue.
No intentes revivir lo que ya se transformó.

Hoy te digo: da vuelta a la hoja.
No como quien huye, sino como quien entiende.
Déjalo morir en paz, para que tú puedas vivir completo.

Ten la valentía de “darte por muerto” a esa versión que ya no corresponde a tu camino.
Esa versión que esperaba, que dudaba, que se quedaba.
Esa ya hizo su trabajo.

Necesito que avances.
Porque si no avanzas, no podrás estar listo para lo que tengo preparado para ti.
Y lo que viene es grande.
Más grande de lo que imaginas ahora.

Pero para recibirlo, necesitas creer en ti.
Creer de verdad.
Sin reservas.
Sin mirar atrás.

Yo voy delante de ti.
Te sostengo incluso cuando no me sientes.
Te empujo hacia algo más alineado, más verdadero, más tuyo.

Confía.
Camina.
Respira.

Lo que viene no necesita que mires atrás,
necesita que llegues entero.

Y no estás solo.
Nunca lo estuviste.

— Yod Hei Vav Hei

Cuando alguien más empieza a vivir los planes que eran nuestros

Hay un dolor del que casi no se habla.
No es solo la ruptura.
No es solo la ausencia.

Es ese momento en el que te das cuenta de que la persona que amaste está viviendo con alguien más la vida que un día imaginó contigo.

Los viajes que soñaron.
Las ciudades que nombraron al azar.
Las rutinas que parecían inevitables.
Los “algún día” que se sentían tan reales que dolían de solo pensarlos.

Y entonces lo ves:
Fotos, sonrisas, destinos, momentos.
No es exactamente igual… pero se parece lo suficiente como para atravesarte el pecho.

Porque el dolor no viene de que sea feliz.
Viene de pensar:
“Eso era nuestro”.

Pero aquí hay una verdad que cuesta aceptar cuando el corazón está roto:

No perdiste una vida. Perdiste una posibilidad.

Los planes no eran una promesa del universo.
Eran una proyección hecha desde el amor que sentías en ese momento.
Un borrador, no la versión final.

Aun así, duele.
Porque en esos planes pusiste identidad.
Pusiste tiempo.
Pusiste una versión de ti que ya no existe igual.

Y cuando alguien más ocupa ese lugar, no sientes solo tristeza:
sientes reemplazo, comparación, sensación de atraso.
Como si la vida avanzara sin ti.

Pero no es verdad.

Lo que pasa es que ellos están viviendo un momento,
y tú estás atravesando un proceso.

Y los procesos no se ven bonitos desde fuera,
pero son los únicos que transforman de verdad.

Lo que no se dice suficiente es esto:
La capacidad de soñar esa vida era tuya. No se fue con esa persona.

Si fuiste capaz de imaginar amor, proyectos y futuro,
lo serás de nuevo.
Con alguien distinto.
O en una versión de vida que hoy todavía no puedes ver.

Tal vez ahora te duele mirar.
Y está bien dejar de mirar.

No es huir.
Es cuidarte.

No es inmadurez.
Es respeto por tu herida.

Porque cada vez que observas lo que ya no es,
te alejas de lo que todavía puede ser.

Y algún día, no hoy, no mañana, pero llegará…
vas a entender que esa vida que parecía perfecta para dos… solo era un ensayo.

La tuya, la real,
todavía se está escribiendo.

Y esta vez,
con alguien que sí se quede.

Cada día duele menos

Eso me digo todos los días,
pero la verdad… hasta hay días que dueles más.
Escribo para tratar de desahogarme,
mi cuerpo quiere expulsar todo…
pero por más que quiero, no puedo.

Me he quedado seco.
Con una sensación donde la gravedad pesa más de lo normal.
Escucho sólo frecuencias bajas.
Por más que me pongo al sol, mi cuerpo se encuentra frío.

¿Por qué no fui suficiente?
Ese es el problema principal,
Por más que yo cambie…. ya no servirá.
Mi sombra del pasado es grande, es monstruosa.

Aniquiló todo lo lindo que sentíamos,
y ahora sólo siento tristeza, un luto ficticio.
Estamos muertos, el uno para el otro.
Y yo cargo con el peso, tú con el trauma.

¿Cuál fue el propósito de todo esto?
¿Por qué la vida nos puso en el mismo camino?

Me rehuso a separarme de tu rumbo.
Pero…. si tú ya no me quieres en él.
¿Qué es lo que puedo hacer?

…..

El silencio.
Cada día es más fuerte.

Todo el potencial que nos veíamos el uno al otro,
totalmente desperdiciado.

Lo siento.

Let It Happen

No sé hasta dónde voy a llegar así…
Pero es claro que el camino debo cambiarlo.
Cambia…. cambia.

Cansado de luchar contra corriente,
mientras más nado hacia adelante,
más me arrastra todo hacia atrás.

Me gusta sumergirme…
Dejar de respirar….
Por unos minutos.

1….. 2…. 3…. 4…..

Tú ya no eres esa persona.
¿No te das cuenta que ya estás muerto?
Tú ya no existes en su mundo.
Tienes que dejar ir, tienes que ver la luz.
Porque sino, serás un fantasma atrapado en este limbo.

Abre los ojos, no dejes que pase otro minuto más.
Antes de que sea tarde, sal a respirar.

*Inhalaciones agitadas*

Sigues vivo.
No es el fin.
Deja de seguir la corriente.
Toma esta balsa y estos remos,
Dirige el rumbo, rema hacia donde tú quieras.

¿Qué no te has dado cuenta?
Tienes todo el poder de hacerlo.
Tienes que entender que esta es tu historia.
Debes empezarla a escribirla.

Te he dado otra oportunidad,
pero necesitaba que creyeras.
Que aprendieras lo que es la verdadera maldad,
y te dieras cuenta que tú no perteneces ahí.

Estás preparado para tu nueva vida,
eres fuerte, lo has demostrado siempre.
Ten esta pluma dorada,
Las palabras que escribas serán fuertes como el plomo.

Tacha todos esos “peros” de esa hoja en blanco.
Transforma con la palabra.
Haz magia.
Recupera ese poder, innato tuyo.

Que toda esa tristeza, no te defina.
Que toda esa rabia, no te quebrante.
Que toda esa nostalgia, no te distraiga.
Que todo ese futuro que ya no existe,
No defina tu mañana.

Escribe una nueva historia.
Tú tienes el poder.