Roberto G. Aurioles
enero 21, 2026
No hay comentarios
Y aunque siempre tuve miedo de saber la respuesta, hoy tuve el valor de averiguarlo. Porque como dije, me da miedo mi habilidad para investigar sobre las personas, hasta podría trabajar en la policía cibernética.
Necesitaba saber su rostro, saber quién chingados te apartó de mí. Así que me puse teclas a la obra, investigando por aquí, investigando por allá, de paso averigüé varias cosas de ti que la verdad, me terminaron de conmover e inspirar. Pero hoy tú no eres el tema, el tema es él.
“¡Es él!” Exclamé cuando por fin lo encontré y confirmé que se trataba de aquél ladrón, ese que se metió a mis aposentos y robó lo más valioso, lo que me mantenía contento y feliz. De toda mi competencia en el mundo, él tenía que ser el afortunado.
En ese momento, todas mis preguntas se resolvieron. Aunque un tanto decepcionante dar con la verdad. Pensé que sería alguien mejor. Mi reacción legítima fue un… “¿es neta?”
Esto me pone a pensar muchas cosas sobre mi persona, porque aunque yo sea una persona letrada, con múltiples talentos y capacidades, un rostro y físico bastante envidiable, además de un carisma y energía tan bella, que te envuelve en sus labios como nadie más lo hace… ni que te digo de cuando te toco y recorro todas tus sábanas. Y aunque yo sea todo eso, me cambiaste por nada, ¿en serio? ¿Eso qué valor me da como persona?
¿Tanto daño te hice que saltaste a eso?
Pues bueno, tampoco puedo destruir a aquél susodicho con sólo una foto, bien dicen, no juzguen a un libro por su portada, pero creo sinceramente que tú te ves mucho mejor a mi lado. Me hubiera encantado que mi sucesor me superara, o como mínimo, estuviera a mi altura. Ni siquiera puedo odiarlo porque no lo conozco, pero odio el sentimiento de que es la nueva barrera entre tú y yo. No hay nada que pueda hacer. ¿O sí?
Pero bueno, no te culpo, no tuve mis mejores comportamientos a tu lado. Reconozco mis errores y lo sabes. En ese momento mi mente estaba hecha tremendo lío…. y cuando más te necesitaba, me desechaste. Ese día tuve que forzarme a tomar una decisión, la cuál juré no me arrepentiría y sería firme, pero vaya, el tiempo me demostró que cometí un error, o al menos, sí me terminé arrepintiendo.
Claro que debí tratarte mejor, es más, claro que debimos ir a ese viaje juntos, aunque fuéramos “amigos”, no me importa, debí seguir contigo, debí intentarlo más. Debí dejar de lado todo lo que quería construir en Ciudad de México, porque me di cuenta que construir contigo es algo mucho más valioso.
Creo que tuvimos el infortunio de coincidir en mi peor etapa, de hecho, me aguantaste en mis días más oscuros del 2025. Bendito Dios que ya se acabó ese año, y ya me aparté de todo aquello que me hacía mal. Ahora el único daño colateral que me queda de ese maldito año, es mi malestar por tu ausencia.
En serio…. creo que podría haberme casado contigo. Pero este anillo, ya no sé ni qué significa…. ¿aún conservas el tuyo? ¿o lo aventaste ya a un río? Porque cada día que pasa, cada día que yo me ahogo más en él….